"Lo más importante es no perder la esperanza. No hagamos demasiado caso a los que anuncian el fin del mundo. Las civilizaciones no mueren con tanta facilidad, y, aun suponiendo que este mundo tuviera que derrumbarse, lo haría después que otros. Es muy cierto que estamos en una época trágica. Pero mucha gente confunde lo trágico con la desesperación. «Lo trágico —decía Lawrence— debería ser una inmensa patada que se le pega a la desdicha.» He aquí un pensamiento sano e inmediatamente aplicable. Hay muchas cosas hoy en día que merecen esa patada.
Cuando vivía en Argel, esperaba siempre pacientemente durante el invierno, porque sabía que en una noche, en una sola noche fría y pura de febrero, los almendros del valle des Consuls se cubrirían de flores blancas. Después me maravillaba al ver cómo esa nieve frágil resistía todas las lluvias y el viento del mar. Sin embargo, todos los años resistía lo suficiente para preparar el fruto.
No es un símbolo. No ganaremos nuestra felicidad a fuerza de símbolos. Hace falta algo más serio. Quiero decir tan sólo que, a veces, cuando el peso de la vida se vuelve excesivo en esta Europa todavía colmada de su propia desdicha, me vuelvo hacia esos países restallantes donde quedan aún tantas fuerzas intactas. Los conozco demasiado como para no saber que son la tierra elegida donde la contemplación y el valor pueden equilibrarse. Meditar acerca de su ejemplo me enseña que, si se quiere salvar la inteligencia, es necesario ignorar sus dotes para la queja y exaltar su fuerza y su prestigio. Este mundo está envenenado de desdichas y parece complacerse en ellas. Está entregado por completo a ese mal que Nietzsche llamaba espíritu de torpeza. No le tendamos la mano. Es inútil llorar sobre el espíritu, basta con trabajar por él.
Pero, ¿dónde están las virtudes conquistadoras del espíritu? El propio Nietzsche las ha enumerado como enemigos mortales del espíritu de torpeza. Según él, son: la fuerza de carácter, el gusto, el «mundo», la felicidad clásica, el duro orgullo, la fría frugalidad del sabio. Tales virtudes son necesarias más que nunca y cada cual puede elegir la que le convenga. Ante la enorme magnitud de la partida en juego, que no se olvide en todo caso la fuerza de carácter. No hablo de esa a la que en las tribunas electorales acompañan los fruncimientos de cejas y las amenazas. Sino de la que resiste todos los vientos del mar en virtud de la blancura y de la savia. Esa es la que, en el invierno del mundo, preparará el fruto".
Albert Camus: El verano
jueves, 19 de julio de 2012
En el verano del mundo
lunes, 25 de junio de 2012
Memorias
martes, 2 de agosto de 2011
Ciclos
Se sabe de antiguo que nada cambia indefinidamente, regidos como estamos por ciclos que se cierran en bucle y reinician la memoria del tiempo. A veces, antes de situarse en punto cero, las espirales se prolongan en ignotos recovecos que descubren inquietantes confines en donde tal vez nuestros océanos de tiempo concluyen en abismo.
Otros ciclos más prosaicos señalan nuestros anales con estaciones, adversas o armoniosas, cuya memoria saltimbanqui selecciona los escenarios preferidos de la juventud, de la sensatez, del presente cíclico.
El verano es una metáfora de la despreocupación, nuestras mentes dan rienda suelta a la fantasía, soñamos placeres y esperamos descanso tras las inacabables horas laborales del resto del año.
Mi verano está resultando un tiempo amable y propicio para el bienestar donde está surgiendo lo mejor de mí; está siendo descanso y descubrimiento, viajes también interiores, tiempo en soledad y también placer y cercanía, lucidez sin ruido, luz e inocencia, recuerdo y recreación, sugerencia y posibilidad, aventuras y sueños que me sostendrán en esas otras fases deprimidas del eterno retorno de la vida.