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domingo, 22 de enero de 2012

La vida líquida

"La vida líquida es la sucesión de nuevos comienzos, pero, precisamente por ello, son los breves e indoloros finales -sin los que esos nuevos comienzos serían imposibles de concebir- los que suelen constituir los momentos de mayor desafío y ocasionan nuestros más irritantes dolores de cabeza. Entre las artes del vivir moderno líquido y las habilidades necesarias para practicarlas, saber librarse de las cosas prima sobre saber adquirirlas."



Zygmunt Bauman: 44 Cartas desde el mundo líquido

lunes, 4 de octubre de 2010

Asistencia técnica

Nada hay más pobre que una verdad expresada tal como se pensó, en ese justo momento ponerla por escrito no equivale ni siquiera a una mala fotografía.
La verdad se niega a quedarse tranquila y sonreír ante el objetivo de la escritura cuando nosotros nos acomodamos bajo el instante, bruscamente, como de golpe quiere ser arrancada de su ensimismamiento y sobresaltada por alborotos, música o gritos de auxilio.
¿Quién querría contar las señales de alarma con las que está equipado el interior del ser humano? "Escribir" no significa otra cosa que ponerlas en funcionamiento, pero ¡qué bien constituida ha de estar, y qué salud tan sólida la suya para presentarse entre ellos así, disfrazada, acosada, aunque victoriosa y adorable!

martes, 16 de febrero de 2010

La mala educación

Hay dos formas de interactuar con el resto de las personas: con educación o sin ella.
Cuando estoy aburrida me planteo retos absurdos y ridículos que nadie entiende, salvo yo, que al fin y al cabo es lo que me importa. Por ejemplo: esta mañana en el autobús.
Me siento al lado de un muchacho, saco mi libro y me pongo a leer. Al rato, se acerca una parada y compruebo, por los preparativos previos, que el chaval va a salir en ella. Yo estoy sentada al lado del pasillo, así que es necesario que me levante para dejarle pasar. En los segundos que quedan para el desenlace de la situación, invento mi reto del día: no le dejaré pasar si no me lo pide por favor. Es más: no le dejaré pasar si no me habla.
Así que ahí estaba yo, con mi libro abierto por la página 299, en plena escena de tensión, y con un tipo a mi lado, semiincorporado en su asiento, esperando que salga, encabronado ya... pero eso sí, sin despegar los labios.
Muy bien, pues ahí te quedas. El autobús para y el chaval, que está muy nervioso porque ve que no le da tiempo, me empuja levemente con sus piernas. Entonces levanto ligeramente la vista y hago un gesto de interrogación con la cabeza. Y entonces compruebo que no es mudo, ni sordo, sino sólo antipático:

- Que me dejes salir -dice, con esa voz que sólo tienen los estúpidos.

- Querrás decir por favor -digo, las puertas a punto de cerrarse.

- Por favor.

Sólo la seguridad de que una discusión le hará llegar tarde al trabajo hace que diga las dos palabras mágicas y provoque mi reacción inmediata. Yo me levanto, él tiene libre la salida, las palabras mágicas han surtido su efecto.
Mañana enseñaré a otro antipático que el resto de los mortales estamos deseando escuchar su voz.

domingo, 8 de febrero de 2009

La irrealidad de la realidad

¿Es verdad porque lo ves o lo ves porque es real?